lunes, 28 de octubre de 2019
Castillos de arena
lunes, 30 de septiembre de 2019
Momento
el ahora no es nada
ni va a ningún lugar
ni encierra ninguna verdad
ni ningún misterio
el ahora es ahora
es ahora
es ahora
ya quemé tres
lunes, 1 de abril de 2019
El amor no es lo que duele No. 1.
Una noche mi hija se despertó, salió de su cuarto y se acostó a mi lado, justo en el poco espacio que quedaba entre su mamá y yo. Lo hizo con cautela para no despertarnos. Trató de abrazarme pero su bracito no fue lo suficientemente largo. Yo me desperté, intuí lo que pasaba, me volteé y la abracé. Ella me lanzó en un susurro: Papá tengo miedo. Fuimos dos.
jueves, 10 de enero de 2019
Gerundio
No soy quien crees que soy. No soy quien creo ser, ni lo que hago, ni lo que evito, Ni lo que digo. No soy qué, ni dónde, ni quién, ni por qué. Apenas soy el instante del cómo y el siendo pero ni siquiera eso, porque uno siempre llega tarde al ejercicio de su propia existencia.
sábado, 24 de noviembre de 2018
Hampa existencial
Somos los ladrones de la existencia
los criminales del existir
tenemos nuestros propios códigos
y
aunque estamos pagando nuestra condena
nadie
ni siquiera la muerte
podrá juzgarnos
martes, 30 de octubre de 2018
Acto masturbatorio
Hay masturbadores
intelectuales
emocionales
sexuales
psicológicos
de todo tipo
sirva esto de reflexión:
hay algo de tristeza
en cualquier acto
masturbatorio
el árbol que cae en el bosque
cuando no hay nadie para escucharlo
tampoco escucha
su propia caída
martes, 16 de octubre de 2018
El Coleccionista de Heridas
El coleccionista de heridas se toma su tiempo con cada daño, cada cicatriz. Usa pinzas y alfileres para extenderlas sobre la nostalgia que a veces acompaña el resentimiento, las clasifica por época, por victimario, por profundidad, longitud y gravedad; las limpia, las empapa en formol, las enmarca en madera pulida y cristal.
Más allá del simple acto de admirar y poseer, el coleccionista de heridas cree no tener una razón para coleccionarlas; sin embargo, siente una inexplicable ansiedad, una inquietud de espíritu, cuando no lleva a cabo la misión personal de conseguirlas, agruparlas y perpetuarlas. Sin el comfort de saber que allí las tiene, que siempre le están esperando, no sabría qué hacer. Esas heridas son su morada y su desamparo.
El coleccionista de heridas no va a tomar la iniciativa para hablar de su afición pero si se lo pides, con mucho gusto te enseñará los especímenes más comunes pero no menos bellos, no menos muertos, de su colección. Te hablará sobre ellos como si fueran sus hijos porque de alguna manera lo son. Miles de historias ocurrentes saldrán con orgullo de su boca y luego terminará cambiando de manera abrupta la conversación, llevándote a otro lado, avergonzado por la culpa de su satisfacción.
Hay unas heridas que no te va a enseñar, unas de las que no va a hablar. Son las menos evidentes, las más profundas, las más secretas y dolorosas, las que han dejado la peor cicatriz o han causado el mayor dolor. Esas son las incurables y son las que considera más valiosas. Esas, las tiene en una gaveta, bajo llave. Son las que nunca exhibe. Las peligrosas. Las que dejaron gente que le importa.