Mostrando entradas con la etiqueta Hermanos Chang. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Hermanos Chang. Mostrar todas las entradas

viernes, 13 de septiembre de 2013

No hace falta patronímico para viajar en ascensor

el fracaso es una unidad de peso, la culpa es una unidad de peso, hay tantas cosas en la vida llevándonos hacia abajo, haciéndonos peso en el ala, el fracaso te aplasta aunque estés subiendo, es un yunque invisible, un traje de plomo demasiado apretado, somos buzos en la profundidad de lo irreparable, he fracasado tantas veces y con tanta precisión que no hay Dios que pueda perdonar tanto, si Dios existe es porque me he dedicado a limpiar sus letrinas, es cierto que he sido un borracho irreparable pero prefiero ser un borracho que tener miedo, el alcohol es una forma de estoicismo, el alcohol es el miedo devorándose a sí mismo, quise decírtelo tantas veces, muchas veces traté pero no me salían las palabras, quise decir tantas veces tantas cosas, te amo, perdóname, me duele, quise decir, pero ser un borracho es un tipo de soledad, es hablar otro idioma, es tener un contexto demasiado promiscuo, no sé si me lo imaginé pero creo que alguna vez leí en algún lugar que los espejos deberían venir con subtítulos, estoy seguro que te hubiera gustado que los borrachos vinieran con subtítulos porque siempre hablamos un idioma distinto, quizás si hubieras entendido no te hubieras ido como te fuiste cuando te fuiste, esa noche llegué tarde, no recuerdo la hora porque la gente como yo no lleva el paso de las horas, solo sé que era tarde como siempre que llego a algún lugar y que de aquello hace alrededor de diez años, te habías ido, así a secas, te habías ido, no habían cortinas alzadas al viento, ni nota de despedida, ni flores muertas en el florero del comedor, fue el abandono menos literario que conozco, el perro vino agitando su cola, nunca supe cómo se llamaba el perro, al perro sin nombre no te lo llevaste, a él también lo abandonaste, ahí estaba, agitando la cola, mirándome en contrapicado, agitando la cola, mirándome, agitando la cola, mirándome, el problema de los perros es que son lo suficientemente bondadosos como para confiar en los hombres, sentí lastima, lo acaricié, le dije te quiero, el ascensor abre las puertas

me gusta el espejo del ascensor, tiene una pátina que le recubre en ciertas partes, mirarse en él siempre es un alivio porque ese espejo es como el alcohol, en el remanso de la bebida puede uno asomarse y el reflejo siempre es un poco más soportable, hay trozos de lo reflejado que no se ven, los espejos limpios son insoportables, son demasiado altaneros en su sinceridad, son crudos, implacables, veraces, el espejo del ascensor vino sin subtítulos, las puertas se abren, me percato que vengo de llegada, debo estar llegando tarde porque siempre es tarde cuando se ha fracasado, ya en la sala espero, el perro sin nombre no viene agitando la cola como hizo hace alrededor de diez años, espero, no viene, quiero llamarlo pero es un perro sin nombre, nunca le puse uno, fue él quien sin querer me lo puso a mí, gracias a él soy el borracho del perro sin nombre, ven digo con timidez, no viene, lo busco, está debajo de la mesa sobre un charco de orines, respira con dificultad, lo tomo, me muerde cuando lo toco, no me importa, lo pongo con cuidado en mi regazo, tiembla, está muriendo, lloro, le pido que no me abandone, le pido que no me abandone, le pido que no me abandone, se lo pido tres veces, este es mi peor fracaso, esta es mi peor letrina, el fracaso es el mercenario de la muerte, no me dejes le digo, te amo, perdóname, me duele

el ascensor nos lleva abajo, cuando se abran las puertas, el cadáver del perro sin nombre y yo seguiremos bajando, porque el fracaso es un mercenario que gana muy bien

Publicado originalmente en Mercenarios Chang Anno 7, Número 49.

domingo, 24 de marzo de 2013

esto no es rock Belcebú, esto es Rapsodia


is this the real life?, lanza Freddie desde la melancolía de sus grandes éxitos, is this just fantasy?, insiste, pero ninguno de los dos se percata siquiera que es pregunta y no respuesta, están borrados, alucinados por el tobogán de la cerveza y el exceso que es no creer en el amor, ella le tiene ganas a él, él le tiene ganas a las ganas, ella le chupa los labios, él le toca las tetas por encima de la ropa, el viento sopla afuera en alguna dirección, doesn’t really matter to me, ellos tienen los vidrios arriba, los seguros puestos, las luces apagadas, el motor encendido, el apetito resguardado por la burbuja de metal del carro, no hay escape de la realidad argumenta Mercury y a ellos no les concierne, open your eyes, mira hacia el cielo y ve, la noche acecha cuando el acecho acecha, una camioneta negra con tres hombres a bordo emboca la calle solitaria y pasa al lado del carro estacionado, él levanta la vista, sigue la camioneta con la mirada mientras esta se hace más y más pequeña en el espejo retrovisor, hasta que desaparece engullida por una curva, ella le toca febril por encima del pantalón, él vuelve al momento, la abraza con desesperación y le enfila la mano al final de la espalda, ella se arquea al sentir el toque por debajo de la tela, él le toca las nalgas, ella cierra los ojos, él le escarba el hilo dental mientras ella busca desabrocharle los jeans, él saca la mano y le busca ahora por delante, con habilidad le evade el cerco de las pantaletas, con violencia la abarca toda entre las piernas, ella queda paralizada por unos segundos y en su ascensión al poder él la toca

la camioneta negra se detiene silenciosa en el medio de la calle oscura, casi diagonal al carro estacionado, lista para la embestida si es necesario, del asiento trasero emergen dos hombres, uno por cada lado, se mueven con seguridad, con violencia, desprendiendo con los cañones de sus armas los pliegues de la noche, él los divisa con terror a través de los vidrios empañados, uno de ellos viene sonriendo, escudriñando a distancia con sus ojos demasiado pequeños, la camisa sudada en el área de las axilas, el cabello cortado al rape, al otro, de bigote y cejas espesas, cabello descuidado y chaqueta de nylon, lo advierte feroz, letal en sus ojos rojos y mirada vidriosa, hay un tercero que le es invisible, está detrás del volante, esperando, encubierto por los vidrios ahumados, listo como un boy scout de la muerte, mamaaaaaaa, ooooooooooooo, didn’t mean to make you cry, if I’m not back again this time tomorrow, carry on, carry on, él retira la mano, ella no va a tener tiempo de llegar, él busca en la sobaquera y toma el arma de reglamento aún con los dedos húmedos, dispara tres veces a través del cristal que explota, la voz de Freddie sale a la calle, la cara de ella se ilumina fugaz con cada detonación, el hombre de los ojos pequeños cae como un yunque, el del bigote abre fuego voraz, dispara, se agacha y se acerca, dispara, se agacha y se acerca, él le responde ecuánime, ella cae, el del bigote empieza a moverse a gachas, él mueve la palanca de cambios, acelera a fondo sin mucho control, está temblando sin saberlo, al arrancar siente el golpe contra el parachoques, la rueda derecha trasera pasa por encima del obstáculo, Scaramouch, Scaramouch, will you do the fandango, el piloto sale de la camioneta negra, comienza a disparar, thunderbolt and lightning, very very frightening me, Gallileo Gallileo Gallileo Figaro, magnifico, el carro se desplaza, comienza a distanciarse de la camioneta negra, él la llama pero ella no responde, los asientos de tela ocre han comenzado a mancharse de negro, él la toca, la sacude, ella no reacciona, el siente una puntada de ardor que se tira en la piscina de su pecho, todo comienza a moverse con rapidez, incluído el poste de luz que cruza la calle y se atraviesa, oh mama mia, mama mia, mama mia let me go, el hombre se monta en la camioneta negra, un chirrido de goma rasga la noche en dos marcando un antes y un después, atrás quedan los cuerpos del hombre de bigote y del hombre de ojos demasiado pequeños, a lo lejos comienza la nueva canción como si el destino tuviera todavía algo que decir, como si lanzara un titular invisible, la cadencia de la batería de Taylor inicia, luego entra John con el bajo, Brian le saca a la guitarra unos acordes metálicos, Freddie Mercury grita el Lets go y entonces la canción se mueve de manera formal, la banda toma impulso, Farrokh dice lo suyo entrelíneas y luego, con su archiconocida voz de tenor, repite varias veces como si el coro fuera una cuenta de cuerpos: Another one bites the dust