viernes, 5 de julio de 2013

El Arte de la Guerra

no voy nunca a la guerra
ni me presento a batalla
no considero a nadie mi enemigo
y creo que toda las estrategias
conducen a lo irrreparable;
así es como me libré
de leer a Sun Tzu

sábado, 1 de junio de 2013

domingo, 24 de marzo de 2013

esto no es rock Belcebú, esto es Rapsodia


is this the real life?, lanza Freddie desde la melancolía de sus grandes éxitos, is this just fantasy?, insiste, pero ninguno de los dos se percata siquiera que es pregunta y no respuesta, están borrados, alucinados por el tobogán de la cerveza y el exceso que es no creer en el amor, ella le tiene ganas a él, él le tiene ganas a las ganas, ella le chupa los labios, él le toca las tetas por encima de la ropa, el viento sopla afuera en alguna dirección, doesn’t really matter to me, ellos tienen los vidrios arriba, los seguros puestos, las luces apagadas, el motor encendido, el apetito resguardado por la burbuja de metal del carro, no hay escape de la realidad argumenta Mercury y a ellos no les concierne, open your eyes, mira hacia el cielo y ve, la noche acecha cuando el acecho acecha, una camioneta negra con tres hombres a bordo emboca la calle solitaria y pasa al lado del carro estacionado, él levanta la vista, sigue la camioneta con la mirada mientras esta se hace más y más pequeña en el espejo retrovisor, hasta que desaparece engullida por una curva, ella le toca febril por encima del pantalón, él vuelve al momento, la abraza con desesperación y le enfila la mano al final de la espalda, ella se arquea al sentir el toque por debajo de la tela, él le toca las nalgas, ella cierra los ojos, él le escarba el hilo dental mientras ella busca desabrocharle los jeans, él saca la mano y le busca ahora por delante, con habilidad le evade el cerco de las pantaletas, con violencia la abarca toda entre las piernas, ella queda paralizada por unos segundos y en su ascensión al poder él la toca

la camioneta negra se detiene silenciosa en el medio de la calle oscura, casi diagonal al carro estacionado, lista para la embestida si es necesario, del asiento trasero emergen dos hombres, uno por cada lado, se mueven con seguridad, con violencia, desprendiendo con los cañones de sus armas los pliegues de la noche, él los divisa con terror a través de los vidrios empañados, uno de ellos viene sonriendo, escudriñando a distancia con sus ojos demasiado pequeños, la camisa sudada en el área de las axilas, el cabello cortado al rape, al otro, de bigote y cejas espesas, cabello descuidado y chaqueta de nylon, lo advierte feroz, letal en sus ojos rojos y mirada vidriosa, hay un tercero que le es invisible, está detrás del volante, esperando, encubierto por los vidrios ahumados, listo como un boy scout de la muerte, mamaaaaaaa, ooooooooooooo, didn’t mean to make you cry, if I’m not back again this time tomorrow, carry on, carry on, él retira la mano, ella no va a tener tiempo de llegar, él busca en la sobaquera y toma el arma de reglamento aún con los dedos húmedos, dispara tres veces a través del cristal que explota, la voz de Freddie sale a la calle, la cara de ella se ilumina fugaz con cada detonación, el hombre de los ojos pequeños cae como un yunque, el del bigote abre fuego voraz, dispara, se agacha y se acerca, dispara, se agacha y se acerca, él le responde ecuánime, ella cae, el del bigote empieza a moverse a gachas, él mueve la palanca de cambios, acelera a fondo sin mucho control, está temblando sin saberlo, al arrancar siente el golpe contra el parachoques, la rueda derecha trasera pasa por encima del obstáculo, Scaramouch, Scaramouch, will you do the fandango, el piloto sale de la camioneta negra, comienza a disparar, thunderbolt and lightning, very very frightening me, Gallileo Gallileo Gallileo Figaro, magnifico, el carro se desplaza, comienza a distanciarse de la camioneta negra, él la llama pero ella no responde, los asientos de tela ocre han comenzado a mancharse de negro, él la toca, la sacude, ella no reacciona, el siente una puntada de ardor que se tira en la piscina de su pecho, todo comienza a moverse con rapidez, incluído el poste de luz que cruza la calle y se atraviesa, oh mama mia, mama mia, mama mia let me go, el hombre se monta en la camioneta negra, un chirrido de goma rasga la noche en dos marcando un antes y un después, atrás quedan los cuerpos del hombre de bigote y del hombre de ojos demasiado pequeños, a lo lejos comienza la nueva canción como si el destino tuviera todavía algo que decir, como si lanzara un titular invisible, la cadencia de la batería de Taylor inicia, luego entra John con el bajo, Brian le saca a la guitarra unos acordes metálicos, Freddie Mercury grita el Lets go y entonces la canción se mueve de manera formal, la banda toma impulso, Farrokh dice lo suyo entrelíneas y luego, con su archiconocida voz de tenor, repite varias veces como si el coro fuera una cuenta de cuerpos: Another one bites the dust

viernes, 15 de marzo de 2013

Salidas de emergencia

sólo vislumbro
dos vías de escape
ambas demasiado terribles:
la poesía
y el suicidio.

La vida es del color de la mierda


no tengo miedo
por eso prefiero
llamar a las cosas por su nombre

me declaro enemigo acérrimo del eufemismo

la vida no es bella
ni su color es rosa
no me culpen los tontos
ni me odien por decirlo

no tengo miedo
por eso prefiero
llamar a las cosas por su nombre

me declaro enemigo inconsecuente de la autoayuda

la vida es fea
su color es tirando al de la mierda
lo único que vale la pena
duele
como el amor verdadero, por ejemplo

no por nada
sabemos que estamos en presencia del amor
cuando podemos arrimarnos a otro
y tirarnos un peo con confianza

disculpe usted Sr. Benigni.

Vicente Forte Sillie 15MAR13

domingo, 9 de septiembre de 2012

puede que el diablo se aparezca

relájate y disfruta de todo esto –dijo-, relájate –repitió-, cuando alguien dice relájate es porque todo está próximo a irse a la mierda, la verdad no hay nada que no esté próximo a irse a la mierda, la mierda es una cosa y un lugar, es el destino de la consecuencia, relájate –dijo- pero relajarse nunca puede ser un imperativo dictado por otro, él me ve a los ojos, la mesa nos separa, las mesas se hicieron para interponer algo entre la gente, el mantel es blanco, inmaculado, las copas de cristal están llenas de agua fresca, las servilletas están bordadas, una servilleta bordada es una servilleta con tatuaje, un rayo tenue de luz acaricia la vajilla de plata, todo luce a punto como para que un coro cante el Ave María, el cielo de los ricos es un country club, el infierno de los ricos es un country club, él no es grande pero se ve enorme, la avaricia hace ver a los hombres más grandes de lo que son, un avaricioso es un universo en continua expansión, un avaricioso siempre revienta, su sino es reventar, existe la avaricia de los hombres llenos como él y la avaricia de los hombres ávidos, un hombre ávido es terreno fértil para el anhelo, un hombre ávido es un precipicio, un hombre ávido no tiene otra opción que decirle sí a las cosas, todo corre por la casa -dice él- y la sonrisa se le desborda de la boca como una cascada, al ambicioso el dinero le mejora la confianza y las sonrisas, pero nada es gratis, ni para el ávido ni para el ambicioso, al final nada corre por la casa de nadie, el desinterés no existe, un hombre desinteresado es un hombre imposible porque no tener interés es tener uno, evado la mirada, en una esquina del restaurante comen una mujer y un hombre viejos, se presienten tristes, cómodos, flácidos en su voluntad, ambos ven sus platos, no se miran, no se hablan, se evitan, sus comidas son coloridas, pequeñas, como pececillos de arrecife muertos, esa pareja debe haberse querido alguna vez pero las cosas buenas siempre parecen quedarse en el pasado, las cosas buenas siempre parece que ocurrieron hace mucho tiempo, el presente siempre está empeorando algo

esta mañana desperté un poco antes del amanecer, la seda de las sábanas estaba fría porque la seda tiene algo de roca, de caricia pétrea, muerta, gélida, me quedé inmóvil viendo el horizonte negro a través del ventanal de la suite ejecutiva, poco a poco la luz fue creando en el cielo la mentira del azul, la luz le da vida a las cosas con el hálito del color, el color es una farsa, con timidez toda esa luz se fue metiendo por el ventanal enorme, buscando, buscándome, ganándole territorio a lo real, estaba cansado pero no tenía sueño, el perfume de la mujer aún flotaba en el aire, convulso, mezclado con el olor a alcohol que exudaba mi cuerpo, la mujer se fue a mitad de noche, con insistencia había frotado su cuerpo desnudo contra mi cuerpo vestido, no se me paró, la mujer fingía como tienen que fingir las mujeres que no aman, tenía buen cuerpo pero malas dotes como actriz, el dramatismo del amor hay que saber actuarlo y la mentira de amar hay que creerla, sentí un poco de lástima, cuando abrí la puerta ya estaba ahí, se presentó, no recuerdo el nombre, siempre he sido malo para recordar el nombre de las personas que sobreactúan, soy un regalo –dijo-, no creo en los regalos –pensé-, hay cosas que no pueden obsequiarse, hay cosas que sólo pueden concederse, una mujer que se desnuda debería ser el producto de un consentimiento desinteresado, alguien me quiso una vez sin interés, es decir, alguien me amó una vez, cuando dijo adiós no lloró, debe haber sentido lástima, eso es lo que queda cuando no hay amor, vi el techo todo lo que me dieron los ojos hasta que la mujer terminó de fingir, se agachó para vestirse, lo hizo como si yo no estuviera allí, genuina, natural, como si fuera otra, como si me presentara su cuerpo, mire usted yo soy este cuerpo que se agacha, que se viste, que ya no finge, que también es como el cuerpo de las demás mujeres, conózcalo, se lo presento, lo que vio antes era una máscara, una cáscara, un cuerpo desconocido, una carne de goma que uso para restregarla contra hombres vestidos, la mujer no se despidió, quizás iba llorando cuando salió, me desnudé, me vi en el espejo, me presenté a mí mismo, mucho gusto, este eres tú, pero fue difícil, últimamente no quiero conocerme

lo que importa es hacer un equipo -dijo él-, necesitamos gente seria –añadió-, la seriedad es sólo para aquellos que todavía tienen esperanza, que todavía creen que las cosas pueden controlarse, yo ya no creo, creer implica mucho valor, mucho coraje, mucha resignación, hay que entrar de puntillas en la casa del creer, la casa del creer está repleta de botellas rotas, un hombre gordo entra, lleva la toalla a la cintura, el hombre se quita la toalla, se sienta encima de ella, la barriga le cae, le oculta el sexo, mira adelante ensimismado en lo invisible de las cosas, el mecanismo se activa, un chorro de vapor inunda el sauna, así deben ser las nubes en el infierno, le digo a él que puede contar conmigo siempre y cuando hable primero con los jefes, no se puede hacer nada si los jefes no lo aprueban –aclaro-, el hombre gordo hace como si no oye, en el infierno todos somos los oídos sordos de nuestro prójimo, la última palabra siempre la tienen los jefes, los diablos grandes, yo sólo soy el mensajero del infierno, un diablo pequeño, cuando era chiquito mi abuela me llevó a una procesión, había mucha gente caminando detrás de una virgen, no parecían estar contentos, algunos usaban capuchas, parecían diablos encubiertos, me dio miedo y me hice pipí, mi abuela no me castigó, me abrazó fuerte, me dio un beso, era buena mi abuela, ella me salvó de las capuchas, de los diablos, no sabía ella que era una medida temporal porque ningún hombre tiene salvación, el infierno debe ser un sauna repleto de hombres administrando la avaricia, el hombre gordo se me parece a alguien, no sé a quién, debe parecerse a sí mismo, tiene suerte, yo ni siquiera me parezco a la imagen que tengo de mí, si me pareciera no estuviera haciendo cosas de gente seria, de gente que cree, ni formando equipos, yo soy sólo el mensajero –pienso- y él suda, debe presentir que dudo

un pájaro se estrelló contra el vidrio, casi no hizo ruido el golpe, no hace ruido la contundencia de lo irremediable, pedí un licor de nueces, cuando él iba a pedir le sonó el celular, el pájaro revoloteó confundido en el piso de la terraza, a nadie le importó, todos en el bar están tomando sus bebidas, conversan, se diluyen, se ensimisman, no se percatan de la irremediabilidad que les rodea, el pájaro no se percató de la invisibilidad del vidrio, las cosas invisibles son las más contundentes, yo quise alguna vez a alguien, a una mujer, para querer debes olvidarte de ti, volverte invisible ante la presencia de la otra persona, querer es como amar, la diferencia es que cuando amas lo invisible es de vidrio, él regresa, me dice que todo está listo, pide una copa de champaña, hay que celebrar –dijo-, el pájaro revolotea otro poco, está colapsando, todo está colapsando todo el tiempo, yo soy ese pájaro –pienso- y no sé por qué lo pienso, espero que se haya relajado –dice-, le digo que sí –miento-: en algún momento vendrá el diablo a buscar lo que acabo de venderle